¿Qué pasaría si eligieras uno o varios aceites esenciales y los utilizaras de manera consciente durante 21 días?
Es una pregunta interesante porque estamos muy acostumbrados a escuchar eso de los “21 días”: 21 días para crear un hábito, 21 días para cambiar una rutina, 21 días para empezar a notar resultados…
Pero cuando hablamos de aromaterapia prefiero no quedarme con una cifra bonita. Prefiero preguntarme qué sabemos realmente.
Después de años utilizando aceites esenciales, hay algo que tengo cada vez más claro: no todas las personas responden igual, no todos los aceites actúan de la misma manera y no necesitamos esperar tres semanas para comenzar a percibir un aroma, sentir que nos resulta agradable o comprobar cómo encaja dentro de una determinada rutina.
Al mismo tiempo, tampoco sería riguroso decir que por utilizar un aceite durante 21 días vamos a conseguir un resultado concreto.
Por eso quiero hacer en este artículo lo mismo que intento hacer siempre cuando enseño aromaterapia: unir experiencia, observación y evidencia científica.
Cada ves tenemos mas evidencia sobre aceites esenciales, olfato, estrés, ansiedad o calidad del sueño.
¿Son realmente importantes los 21 días?
Empecemos por aquí.
No existe evidencia científica que establezca que el día 21 ocurra un cambio específico en nuestro organismo por utilizar aceites esenciales.
Los estudios sobre aromaterapia utilizan protocolos muy distintos. Encontramos exposiciones puntuales, intervenciones de algunos días y estudios que mantienen el uso durante dos, tres o cuatro semanas. Las revisiones científicas sobre ansiedad y sueño reúnen precisamente trabajos con diferentes duraciones, aceites, dosis y formas de aplicación.
Por eso, 21 días pueden ser un periodo interesante para incorporar una rutina y observarnos, pero no son una garantía de resultados.
Y para mí esta diferencia es importante.
No se trata de empezar un aceite el día 1 esperando llegar al 21 transformada.
Se trata de utilizarlo adecuadamente, observar para qué lo estamos utilizando, cómo lo estamos haciendo y qué estamos percibiendo durante ese proceso.
Nuestro organismo puede responder mucho antes
Cuando olemos algo, nuestro cerebro no necesita esperar 21 días para reconocerlo.
El olfato mantiene una estrecha relación con diferentes sistemas cerebrales implicados en la respuesta emocional y en el estrés, y precisamente esta conexión es una de las áreas que se continúa investigando cuando hablamos de aromas y aceites esenciales.
Esto explica también algo que muchas personas experimentamos en el día a día.
Hay aromas que olemos y nos agradan inmediatamente. Otros nos generan rechazo. Algunos nos recuerdan a una persona, una casa, una época de nuestra vida o una situación que creíamos completamente olvidada.
Y esa respuesta tampoco es idéntica en todos nosotros.
Por eso me parece tan interesante la aromaterapia: trabajamos con el aceite, pero también trabajamos con la persona que tiene delante ese aceite.
Repetir una experiencia también nos permite observarla
Otra cosa diferente es lo que ocurre cuando mantenemos una determinada intervención durante varios días.
En 2026 se publicó un estudio con 75 adultos que analizó el efecto de dos semanas de inhalación de una mezcla de aceites esenciales sobre diferentes marcadores relacionados con el estrés. En los participantes estresados que inicialmente presentaban una respuesta de cortisol al despertar disminuida, el protocolo aromático llevó esa respuesta hacia valores similares a los del grupo control durante el periodo de intervención. También mejoraron algunas medidas subjetivas de estrés y ansiedad.
Hay un detalle que me parece especialmente interesante: el efecto fisiológico sobre esa respuesta del cortisol no permaneció después de retirar la intervención, mientras que algunas de las mejorías subjetivas mostraron mayor persistencia.
¿Y qué nos enseña esto?
Que debemos ser muy prudentes cuando escuchamos frases como “este aceite regula el cortisol”.
Un estudio no nos permite afirmar algo así de forma general.
Lo que podemos decir es exactamente lo que ocurrió: en unas determinadas personas, con un determinado protocolo y durante un determinado periodo, se observó ese cambio.
Y para mí eso no hace menos interesante a la aromaterapia.
La hace más rigurosa.
¿Qué dice la ciencia sobre la aromaterapia y la ansiedad?
La ansiedad es una de las áreas sobre las que encontramos más investigación.
Un metaanálisis publicado en 2020 reunió 32 ensayos clínicos aleatorizados y encontró que, en conjunto, las intervenciones con aromaterapia se asociaban con una reducción significativa de la ansiedad. Los estudios incluidos utilizaron tanto inhalación como masaje y diferentes aceites esenciales. Los propios autores señalaron que todavía necesitamos investigar mejor aspectos como las dosis adecuadas.
Una revisión sistemática posterior llegó también a resultados favorables, aunque nuevamente encontramos diferencias importantes entre aceites, poblaciones, formas de administración y metodología.
¿Y qué sabemos sobre el sueño?
El sueño es otro ámbito especialmente interesante.
Un metaanálisis publicado en 2021 concluyó que la aromaterapia había mostrado resultados favorables sobre la calidad del sueño en adultos y personas mayores, además de encontrar efectos sobre algunas variables como estrés, ansiedad, dolor, depresión y fatiga.
También tenemos investigaciones más específicas sobre determinados aceites.
Y aquí aparece uno que probablemente conozcas muy bien.
Lavanda: uno de los aceites esenciales más estudiados
La lavanda es posiblemente uno de los primeros aceites en los que pensamos cuando hablamos de descanso.
Pero en este caso no tenemos solo tradición de uso.
Una revisión sistemática y metaanálisis que reunió 11 ensayos clínicos aleatorizados y 628 participantes adultos encontró una mejora significativa de la calidad del sueño con intervenciones que utilizaban aceite esencial de lavanda. Los autores también señalan que necesitamos más investigación de calidad para conocer mejor su efectividad y establecer protocolos.
Esto es justo lo que me gusta explicar.
La conclusión no es:
“Ponte lavanda y dormirás”.
La conclusión es:
tenemos investigación que hace interesante el uso de lavanda dentro de estrategias orientadas al descanso, pero la respuesta individual y el contexto siguen importando.
En mi experiencia, además, una de las cosas bonitas de trabajar con aceites esenciales es descubrir que no existe “el aceite de todo el mundo”.
Hay personas que adoran la lavanda para su rutina nocturna y otras que encuentran que otro aroma les acompaña mucho mejor.
Eso también es aprender aromaterapia.
Algunos aceites que aparecen en la evidencia científica y que encontramos en Young Living
Antes de continuar quiero hacer una aclaración importante.
Los estudios que estoy compartiendo no están realizados con aceites esenciales Young Living salvo que el propio estudio lo indicara expresamente.
Cuando hablamos de evidencia científica debemos diferenciar la especie botánica estudiada de la marca que comercializa posteriormente un aceite.
Lo interesante es que algunos de los aceites esenciales que aparecen en estas investigaciones forman también parte de Young Living.
Vamos a ver algunos.
Lavanda — Lavandula angustifolia
Ya hemos hablado de ella.
La lavanda aparece de forma recurrente en investigaciones relacionadas con calidad del sueño y ansiedad, y diferentes revisiones han encontrado resultados favorables, aunque con las limitaciones metodológicas propias de este tipo de estudios.
Young Living cuenta con la Lavanda, y es uno de los aceites incluidos en algunos de sus kits de inicio.
Esto permite empezar a experimentar con un aceite sencillo y muy versátil, mientras aprendemos algo mucho más importante que memorizar sus propiedades: cuánto utilizar, cómo diluirlo, cuándo elegir inhalación, cuándo utilizarlo tópicamente y cómo observar nuestra propia respuesta.
Naranja — Citrus aurantium
La naranja también resulta interesante.
Un estudio clínico aleatorizado estudió a 40 voluntarios sanos expuestos a una situación experimental diseñada para generar ansiedad. Los participantes que inhalaron determinadas cantidades de aroma de naranja dulce mostraron una respuesta compatible con un efecto ansiolítico agudo frente a los controles. Los investigadores fueron prudentes y señalaron que eran necesarios más estudios para conocer su relevancia clínica.
De nuevo, esto no significa que podamos decir que “la naranja trata la ansiedad”.
Significa que existe una respuesta observada científicamente que justifica seguir investigándola.
Orange también se encuentra los kits de inicio de Young Living , lo incluye como Orange+ entre sus aceites.
Y es un aceite precioso para empezar a comprender algo que suelo enseñar mucho: un aceite esencial no tiene que utilizarse únicamente cuando “tenemos un problema”. La aromaterapia también puede formar parte de nuestros espacios, nuestras rutinas y esos pequeños gestos cotidianos con los que cuidamos nuestro bienestar.
Neroli.
El neroli no es el nombre de una especie, sino el nombre del aceite esencial que se obtiene de una parte concreta de la planta. En este caso, procede de las flores del naranjo amargo, cuyo nombre botánico correcto es Citrus × aurantium L.
Este detalle es importante porque se trata de un híbrido (de ahí la “×”) y, además, de un mismo árbol pueden obtenerse distintos aceites esenciales dependiendo de la parte utilizada:
- Las flores nos dan lugar al Neroli
- La cáscara del fruto se utiliza para obtener Naranja amarga
- Las hojas y ramitas se destilan para producir Petitgrain
Un ensayo doble ciego, aleatorizado y controlado con placebo estudió a 140 pacientes hospitalizados con síndrome coronario agudo. El grupo que recibió inhalación de un preparado con aceite esencial procedente de las flores de Citrus × aurantium L. presentó puntuaciones de ansiedad inferiores al grupo placebo después de la intervención.
No podemos extrapolar esos resultados a toda la población ni decir que el Neroli sea un “tratamiento para la ansiedad”.
Pero sí podemos afirmar que existe investigación clínica sobre su inhalación en contextos concretos.
Young Living tiene también Neroli, y es uno de los aceites esenciales que uso cuando hago mis propios perfumes.
Este aceite esencial nos sirve además para aprender por qué el nombre botánico, por sí solo, no siempre es suficiente.
Del mismo árbol podemos obtener aceites distintos según la parte utilizada.
La flor nos proporciona Neroli.
La cáscara del fruto nos proporciona Naranja amarga.
Y las hojas y pequeñas ramas dan lugar a Petitgrain.
Saber qué tenemos realmente dentro del frasco también forma parte de utilizar aromaterapia con criterio.
Bergamota — Citrus bergamia
La bergamota es otro cítrico que aparece en investigaciones relacionadas con estrés y bienestar emocional.
Un estudio cruzado aleatorizado realizado en 41 mujeres sanas analizó efectos psicológicos, fisiológicos y endocrinos de la inhalación de vapor de aceite esencial de bergamota, incluyendo variables relacionadas con el estado emocional, la actividad autonómica y el cortisol salival.
Existen además otros trabajos que han estudiado bergamota en relación con estado de ánimo, estrés y sueño.
Young Living tiene Bergamota y a mi me encanta ponerla en difusor junto al aceite esencial de Incienso.
Entonces, ¿qué puede pasar si utilizas aceites esenciales durante 21 días?
Después de revisar todo esto, podemos volver a la pregunta inicial.
¿Vamos a conseguir un resultado determinado por utilizar aceites esenciales durante 21 días?
No necesariamente.
No existe un día fijo en el que el organismo tenga que responder.
No podemos asegurar que en 21 días dormiremos mejor, que nuestro estrés habrá desaparecido o que determinada variable fisiológica habrá cambiado.
Eso no sería riguroso.
Lo que sí podemos decir es que diferentes estudios han encontrado resultados favorables utilizando aromaterapia durante periodos que van desde intervenciones breves hasta varias semanas, especialmente en ámbitos como ansiedad, estrés y calidad del sueño.
Y aquí es donde, para mí, los 21 días empiezan a tener realmente sentido.
Como periodo de observación.
Durante 21 días puedes aprender mucho más que las propiedades de un aceite
Puedes descubrir qué aromas te gustan realmente, observar cuál prefieres por la mañana y cuál por la noche, aprender cuándo utilizar el difusor y cuándo una inhalación directa es suficiente, empezar a entender las diluciones y comprobar que más gotas no significan necesariamente mejores resultados. También puedes descubrir que un aceite que a otra persona le encanta no es el que tú necesitas en ese momento.
Y poco a poco dejas de pensar: “¿Qué aceite sirve para esto?” para empezar a preguntarte: “¿Qué quiero trabajar, qué aceite podría acompañarme y cuál es la forma más adecuada y segura de utilizarlo?”
Ahí empieza, para mí, la verdadera aromaterapia.
Entonces, ¿qué puede pasar si utilizas aceites esenciales durante 21 días?
Después de revisar todo esto, podemos volver a la pregunta inicial.
¿Vamos a conseguir un resultado determinado por utilizar aceites esenciales durante 21 días?
No necesariamente.
No existe un día fijo en el que el organismo tenga que responder.
No podemos asegurar que en 21 días dormiremos mejor, que nuestro estrés habrá desaparecido o que determinada variable fisiológica habrá cambiado.
Eso no sería riguroso.
Lo que sí podemos decir es que diferentes estudios han encontrado resultados favorables utilizando aromaterapia durante periodos que van desde intervenciones breves hasta varias semanas, especialmente en ámbitos como ansiedad, estrés y calidad del sueño.
Y aquí es donde, para mí, los 21 días empiezan a tener realmente sentido.
Como periodo de observación.
Durante 21 días puedes aprender mucho más que las propiedades de un aceite
Puedes descubrir qué aromas te gustan realmente, observar cuál prefieres por la mañana y cuál por la noche, aprender cuándo utilizar el difusor y cuándo una inhalación directa es suficiente, empezar a entender las diluciones y comprobar que más gotas no significan necesariamente mejores resultados. También puedes descubrir que un aceite que a otra persona le encanta no es el que tú necesitas en ese momento.
Y poco a poco dejas de pensar: “¿Qué aceite sirve para esto?” para empezar a preguntarte: “¿Qué quiero trabajar, qué aceite podría acompañarme y cuál es la forma más adecuada y segura de utilizarlo?”
Ahí empieza, para mí, la verdadera aromaterapia.
Porque utilizar aceites esenciales no consiste en coleccionar recetas
Esta es probablemente una de las cosas que más intento transmitir.
Puedes tener veinte frascos en casa y seguir sin saber utilizarlos.
O puedes empezar con una selección pequeña, conocerla de verdad y descubrir todo lo que puedes hacer con ella.
La respuesta a un aceite esencial no depende únicamente del número de días que lo utilicemos.
Influyen el aceite y su composición, la dosis, la vía de utilización, la frecuencia, la persona, el momento y aquello que queremos acompañar.
Por eso cuando alguien empieza conmigo no quiero simplemente decirle:
“Para esto, tres gotas de este aceite”.
Quiero que comprenda por qué lo estamos eligiendo y cómo utilizarlo correctamente.
Porque cuando tienes esa base, la aromaterapia deja de parecer complicada.
¿Quieres empezar a utilizar aceites esenciales? Este sería mi primer paso
Si después de leer este artículo sientes curiosidad por empezar, mi recomendación no sería comprar cinco aceites sueltos porque has leído cinco propiedades diferentes en Internet.
Yo empezaría por una base que te permita aprender.
Y para eso está pensado el kit de inicio de Young Living.
Dependiendo de la versión elegida, los kits de inicio reúnen un difusor y una selección amplia de aceites y mezclas para comenzar a familiarizarte con diferentes perfiles aromáticos y formas de utilización. Entre los aceites que aparecen actualmente en uno de los kits de inicio encontramos Lavenda, Peppermint, Limon, Frankincense, Copaiba y Orange+, junto con mezclas como Stress Away, DiGize, Thieves, Purification, R.C. o Blue Relief.
Pero para mí el valor del kit no está únicamente en todo lo que viene dentro de la caja.
Está en lo que haces con él después.
Porque si tienes doce frascos y nadie te enseña a utilizarlos, probablemente terminarás usando dos y dejando el resto guardados.
Por eso, cuando empiezas conmigo, el kit es solo el primer paso.
A partir de ahí vamos aprendiendo cómo utilizar cada aceite, qué vías de aplicación tenemos, cuándo necesitamos diluir, cómo utilizar correctamente el difusor, qué precauciones debemos conocer y cómo ir incorporando la aromaterapia de manera sencilla a nuestra vida cotidiana.
No quiero que dependas siempre de una receta.
Quiero que aprendas a mirar tus aceites y sepas qué hacer con ellos.
Tu primer paso puede empezar aquí
Si llevas tiempo mirando los aceites esenciales pero no sabes por dónde empezar, el kit puede ser una forma sencilla de construir una buena base desde el principio.
No necesitas saber aromaterapia antes de tenerlo.
Para eso está el aprendizaje.
Yo te acompaño para que entiendas qué tienes, cómo utilizarlo y cómo empezar a introducir los aceites esenciales de una manera segura, práctica y adaptada a ti.
Porque quizá dentro de 21 días no pueda decirte cuál va a ser tu resultado.
Pero sí quiero que dentro de 21 días sepas mucho más sobre cómo utilizar tus aceites que el día que abriste la caja.
Y esa, para mí, es la diferencia.
Si quieres empezar conmigo, escríbeme y te explico cómo conseguir tu kit de inicio y todo el acompañamiento que tendrás para aprender a utilizarlo.
QUIERO EMPEZAR CON MI KIT